LA LLAMA QUE NO SE VE Y NO SE APAGA

Updated May 18, 2026 3 min read
Jussef Liban
Jussef Liban

Ingeniero de protección contra incendios. Divulgación técnica en español sobre dinámica de incendios, normativa y casos reales.

Un incendio de metanol puede estar ardiendo frente a nosotros y no verlo. Su llama es casi transparente, de un azul pálido apenas perceptible a la luz del día, y esa invisibilidad la convierte en una de las más peligrosas que existen. Drysdale dedica un análisis detallado en la Sección 5.1.1 a entender por qué el metanol se comporta de forma tan distinta a los combustibles con los que los ingenieros suelen trabajar, y los números son reveladores.

La llama del metanol alcanza 1218°C, casi 200 grados más que la de la gasolina a 1026°C. Eso parecería hacerla más peligrosa, pero en realidad ocurre lo contrario: el metanol arde cuatro veces más despacio que los hidrocarburos típicos. La razón está en cómo transfiere calor su propia llama hacia la superficie del líquido. Para mantener el incendio activo, la llama debe devolver suficiente energía al líquido para que este siga evaporándose y generando el vapor que la alimenta. En un incendio de gasolina, la llama irradia más calor del que el líquido necesita para evaporarse, lo que permite que el incendio se autoalimente con facilidad. En el metanol, los cálculos de Drysdale muestran algo completamente distinto: la llama necesita devolver 1.22 kW a la superficie para mantener el incendio, pero la radiación que emite solo aporta 0.17 kW, cubriendo apenas el 14% de esa necesidad.

Eso ocurre porque la llama del metanol casi no contiene hollín. Los hidrocarburos como la gasolina producen llamas cargadas de partículas de carbono incandescente, que son precisamente las que dan el color naranja y amarillo, irradian calor intensamente hacia la superficie y aceleran la combustión. La llama del metanol, limpia y sin hollín, tiene una emisividad de apenas 0.066, mientras que la de la gasolina supera 0.36, y la del benceno puede llegar a 0.72. En consecuencia, la llama del metanol debe compensar ese déficit radiativo ardiendo prácticamente pegada a la superficie del líquido, lo que también explica su lentitud.

Esta física tiene consecuencias muy prácticas para la seguridad. Los detectores de llama más comunes funcionan detectando la radiación infrarroja que emiten las partículas de hollín en combustión. Ante un incendio de metanol, con emisividad casi nula en el infrarrojo, esos detectores simplemente no reaccionan. Se necesitan detectores ultravioleta o de espectro combinado, específicamente diseñados para combustibles de llama limpia. Asimismo, los agentes extintores que funcionan bien sofocando hidrocarburos pueden ser insuficientes con alcoholes, cuya química de combustión es distinta. En plantas de biodiesel, laboratorios, competición de motor y cualquier instalación donde se maneje metanol o etanol a escala industrial, ignorar esta diferencia puede costar vidas.

Drysdale, D. (2011). An Introduction to Fire Dynamics, 3ª Ed. — Capítulo 5, Sección 5.1.1

Te invito a seguir mi perfil para continuar con esta serie sobre dinámica de incendios en honor a Drysdale.

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