AEROPUERTO JORGE CHÁVEZ: LAS FALLAS QUE NO PUEDEN ESTAR EN LA PUERTA DE ENTRADA DEL PERÚ

Updated May 18, 2026 5 min read
Jussef Liban
Jussef Liban

Ingeniero de protección contra incendios. Divulgación técnica en español sobre dinámica de incendios, normativa y casos reales.

Así lucen los rociadores en la nueva sala de espera del aeropuerto Jorge Chávez. Una obra de cientos de millones, en la entrada a un país que ha promulgado normas y ha luchado por casi 25 años —tras Utopía y Mesa Redonda— por construir una cultura de seguridad contra incendios.

Errores que no debería cometer ni un principiante. La imagen habla por sí sola. No hace falta ser experto para notar lo inaceptable.

Cuando ni siquiera se respetan los principios más básicos en protección contra incendios, justo en la puerta de entrada al Perú, cabe preguntarse qué queda después de tanto esfuerzo, tanta sangre, sudor y lágrimas que nos ha costado construir un país más seguro frente a las consecuencias devastadoras que dejan los incendios.

POR QUÉ ESTÁ MAL ESTA INSTALACIÓN: EXPLICACIÓN TÉCNICA

La imagen muestra parte del cielo expuesto de la sala de espera, con múltiples instalaciones visibles: estructuras metálicas, bandejas portacables, ductos de climatización y luminarias suspendidas. Todos estos elementos constituyen obstrucciones directas al patrón de descarga de los rociadores automáticos instalados en la cubierta.

Se identifican dos tipos de rociadores automáticos dentro del mismo volumen a proteger. Rociadores tipo montante (upright), instalados directamente sobre una tubería blanca, muy próximos a la cubierta metálica del techo. Rociadores tipo pendiente (pendent), ubicados visiblemente alejados de la cubierta, entre un entramado de listones decorativos de madera suspendidos.

QUÉ OCURRE EN CASO DE INCENDIO

Imaginemos que se inicia un incendio en este espacio. La onda de calor asciende y atraviesa los rociadores tipo pendiente instalados a media altura, pero no se acumula el calor suficiente en esa zona para activar sus bulbos térmicos. El calor continúa su ascenso hasta acumularse bajo la cubierta, donde se forma el ceiling jet: ese flujo térmico que se desplaza radialmente a lo largo de la cara inferior del techo, concentrando altas temperaturas cerca de los rociadores tipo montante.

Los rociadores tipo montante, al estar en la zona más caliente, se activan primero. Pero su descarga se ve severamente interferida por ductos, estructuras y luminarias. Lo más crítico es que esa descarga cae sobre los rociadores tipo pendiente ubicados más abajo, mojándolos prematuramente e impidiendo que alcancen su temperatura de activación.

Este fenómeno es conocido como cold soldering: cuando un rociador o conjunto de rociadores no llegan a activarse porque otro los moja antes de tiempo. En situaciones reales, puede significar que el sistema falle justo cuando se necesita. Así de simple. Así de grave.

¿ESTÁ OBSTRUIDO ESE ROCIADOR MONTANTE? UNA RESPUESTA TÉCNICA

Algunas personas han comentado que el rociador tipo montante instalado cerca de la cubierta "no está obstruido", sugiriendo que cumple con las distancias mínimas establecidas por la norma NFPA 13.

Técnicamente, sí: ese rociador no estaría obstruido según la definición estricta de la norma. No hay elementos sólidos ubicados a menos de 18 pulgadas (450 mm) del deflector que interfieran con el desarrollo inicial del patrón de descarga. Tampoco se observa una obstrucción continua que viole la regla de las cuatro veces, aplicable a rociadores de cobertura extendida. Pero eso no basta.

La NFPA 13 distingue entre dos tipos de obstrucciones. El primero son las obstrucciones al desarrollo del patrón de descarga: cuando hay un elemento a menos de 18 pulgadas por debajo del deflector. El segundo son las obstrucciones que impiden que el agua llegue al riesgo: cuando, aun existiendo una distancia mayor, la trayectoria del agua hacia el fuego está interrumpida.

En este caso no se trata de lo primero, sino claramente de lo segundo. La presencia de luminarias, listones decorativos, bandejas, ductos y otros elementos suspendidos bloquea parcialmente el camino del agua hacia el riesgo real, es decir, hacia el piso donde el incendio podría iniciarse.

Además, hay un elemento clave: ese rociador tipo montante fue diseñado para proteger el volumen por encima del falso cielo raso que nunca se instaló. Al no colocarse, la geometría del espacio cambió por completo, y lo que antes era un volumen confinado se convirtió en un vacío abierto sin cobertura real.

RAZONES QUE CUESTIONAN LA EFICACIA DEL SISTEMA

Incluso si alguien sostiene que ese único rociador podría controlar un incendio, hay aspectos que cuestionan gravemente su eficacia:

  • Los falsos cielos del aeropuerto han sido protegidos con rociadores de cobertura extendida, que no están permitidos en construcciones obstruidas.

  • Un rociador puede estar despejado según la norma, pero ser completamente inefectivo si no moja el riesgo.

  • Cumplir con las 18 pulgadas solo garantiza que el patrón se forme correctamente, no que sea útil.

  • Cumplir con la regla de las cuatro veces no asegura cobertura si el fuego está abajo y el agua no llega.

  • Ese rociador fue concebido para proteger por encima del falso cielo raso, no el volumen inferior.

  • Otros rociadores en la misma obra presentan interferencias evidentes con instalaciones que impiden la formación del patrón de descarga.

  • Un único rociador en un volumen tan grande no es razonable.

  • Es probable que la cantidad instalada sea insuficiente, la cobertura sea ineficaz y los rociadores no hayan sido calculados para cubrir ambos riesgos.

  • Existe además un fenómeno poco desarrollado en la NFPA 13: el bloqueo térmico. Ocurre cuando elementos interfieren entre el foco del incendio y el bulbo termosensible del rociador, impidiendo que este se active a tiempo, incluso si visualmente parece estar bien ubicado.

CONCLUSIÓN

La NFPA 13 no es un oráculo infalible. Las obstrucciones al patrón de descarga, las interferencias térmicas, las áreas de sombra y los desvíos del agua son temas complejos, especialmente en edificaciones como aeropuertos, donde la cantidad de instalaciones en el cielo expuesto es enorme. La norma, por sí sola, no alcanza a cubrir toda esa complejidad. Se necesita criterio, conocimiento y responsabilidad profesional.

Este caso demuestra por qué cumplir la norma no siempre significa estar protegido. Y en este caso, ni siquiera eso se logró.

También te puede interesar

↑↓ para navegar Enter para seleccionar