En el análisis de un incendio en un tanque de crudo de 15 metros de diámetro, hay tres resultados que llaman la atención cuando se construye el ejercicio con datos reales: una tasa de liberación de calor del orden de cientos de megavatios, un tiempo de quema que se mide en horas y un flujo de radiación sobre tanques adyacentes que se mantiene constante desde el inicio del incendio. Este último dato es el que merece atención.
El ejercicio parte de un escenario relativamente sencillo: un tanque completamente involucrado, con propiedades típicas de crudo ligero y una tasa de regresión dentro del rango experimental reportado en la literatura. A partir de ahí, el cálculo permite estimar la tasa de quema, la energía liberada y el tiempo total de consumo del combustible. Hasta ese punto, el problema es clásico y no introduce nada que no esté documentado en textos como Drysdale.
La diferencia aparece cuando se evalúa la exposición sobre los tanques vecinos. Al aplicar la correlación de Shokri y Beyler para estimar el flujo radiante, el resultado depende únicamente del diámetro del tanque en llamas y de la distancia al receptor. No depende de la tasa de quema, calor liberado o intensidad del incendio. Dos incendios con comportamientos distintos desde el punto de vista energético pueden generar exactamente el mismo nivel de radiación sobre un tanque adyacente si la geometría es la misma.
Lo que el ejercicio revela es que la amenaza sobre la infraestructura vecina no se construye durante el incendio, ya está definida desde el momento en que se fijan las distancias entre tanques. La respuesta de emergencia puede intervenir sobre el fuego, pero no modificar la variable que gobierna la exposición radiativa sobre el entorno.
Cuando ese flujo se ubica en el orden de 12 kW/m², el problema deja de ser teórico. Es suficiente para inducir ignición pilotada en materiales combustibles, generar dolor severo en piel expuesta en pocos segundos y comprometer elementos constructivos bajo exposición sostenida. Y ese nivel no aparece progresivamente, está presente desde el inicio del incendio.
La separación entre tanques no es un criterio geométrico más dentro del diseño de una planta sino la variable que define, de forma irreversible, el nivel de amenaza que existirá entre ellos si alguno entra en ignición. Tratar esa distancia como un requisito normativo es ignorar que en esa decisión ya está contenido el escenario de pérdida.
El ejercicio que adjunto no introduce un concepto nuevo, expone una distinción que normalmente se pierde: hay variables que pueden gestionarse durante la emergencia y variables que quedan fijadas desde el diseño. Confundir ambas es una de las formas más comunes de subestimar el riesgo.
El desarrollo completo del caso, con las hipótesis adoptadas y el detalle de los cálculos, lo dejo en la presentación adjunta.
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