El PVC rígido tiene una de las clasificaciones de inflamabilidad más bajas entre los polímeros sintéticos, y la razón es química: cuando se calienta por encima de 250°C comienza a liberar cloruro de hidrógeno gaseoso — HCl — antes de entrar en combustión, y ese gas es un inhibidor de llama muy eficaz que interrumpe la cadena de reacciones en fase gaseosa que sostiene la combustión. Drysdale lo documenta en la Sección 1.1.1: el HCl liberado en la descomposición del PVC tiende a extinguir una llama en desarrollo, razón por la cual el material se considera de baja inflamabilidad.
Hasta ahí la buena noticia. La otra cara es que el cloruro de hidrógeno es un gas extremadamente tóxico e irritante que ataca las vías respiratorias, y se libera precisamente en la fase temprana del incendio, cuando el fuego todavía no es visible o está en sus primeras etapas de desarrollo, cuando las personas todavía están en el edificio y cuando la concentración de gas puede alcanzar niveles letales antes de que nadie haya activado una alarma. La misma reacción química que hace al material difícil de encender lo convierte en una fuente de gas tóxico desde temperaturas relativamente bajas.
A eso hay que añadir que el PVC flexible — el que se usa masivamente en instalaciones eléctricas, recubrimientos de cables, tuberías y productos de consumo — contiene plastificantes que aumentan su inflamabilidad considerablemente, de manera que la clasificación del PVC rígido no aplica al flexible, y ambos están presentes en prácticamente cualquier edificio sin que nadie haya distinguido entre ellos en la evaluación de riesgo.
El PVC es un ejemplo de por qué la clasificación de un material por su inflamabilidad no es suficiente para evaluar su riesgo en un incendio, porque un material puede ser difícil de encender y altamente peligroso al mismo tiempo, y esas dos características no se excluyen mutuamente.
Drysdale, D. (2011). An Introduction to Fire Dynamics, 3ª Ed. — Capítulo 1, Sección 1.1.1
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