El agua es un recurso fundamental en la lucha contra incendios, pero su uso correcto es lo que define el éxito o el fracaso en una emergencia. Aplicarla en la cantidad y momento adecuado puede hacer la diferencia entre contener un siniestro o agravar su impacto. Sin embargo, una aplicación errónea, ya sea por exceso o por defecto, puede ser tan perjudicial como la misma propagación del fuego. Esta es una lección que los bomberos aprenden con la experiencia y que, a lo largo de los años, he visto confirmada en distintos escenarios.
El Ataque por Bombardeo (Blitz Attack)
El primer gran incendio al que me tocó asistir y tomar decisiones por mí mismo fue a los 15 días de haberme recibido como bombero voluntario. Se trataba de un incendio expuesto hacia el exterior en una casona vieja del centro de mi ciudad en Lima (Perú). Éramos dos personas: el capitán, quien hacía de chofer y operador de la bomba, y yo. Ambos enfrentábamos un monstruo descomunal que ardía incesantemente y derretía los focos de las luces de alumbrado público cercanas a la fachada. Mi decisión fue conectar una corta manguera de 2 1/2” al monitor que se encontraba sobre el techo del camión. Este monitor de 350 gpm me iba a dar tres minutos de capacidad de extinción contundente sobre el fuego, de manera que cuando llegara ayuda y se establecieran las maniobras de ataque interior, estas se realizaran cuando la potencia del fuego hubiera sido aminorada notablemente.
Esta técnica no la había inventado yo ni se me había ocurrido en ese momento. La había leído de un famoso bombero americano que la recomendaba y que hoy es reconocido como uno de los pioneros en descubrir la famosa técnica conocida como "Blitz Attack". Sin embargo, jamás pude aplicar la técnica porque el capitán, que estaba de operador de la bomba, me gritó: "¿Qué m... haces? Saca tu línea de 1 1/2, maricón, y apaga ese incendio desde el interior". Tuve que hacerle caso y lo que vino después fue lo mismo de siempre: una serie de eventos que desencadenaron en cientos de bomberos, cientos de miles de litros de agua regados por muchas cuadras alrededor del incendio y, al día siguiente, los escombros humeantes de media manzana de propiedades destruidas.
Por supuesto, ni yo mismo pude comprender bien en ese momento si realmente era un "maricón" como dijo el capitán, ni pude comprobar si el uso indiscriminado de 350 gpm en tres minutos habría sido tan efectivo. De hecho, al día siguiente del incendio me sentí estúpido y asumí que el consejo del capitán de "cuidar el agua" era el más sensato. Pasaron los años hasta que la historia le dio la razón al viejo bombero americano propulsor del "Blitz Attack" o "ataque por bombardeo".
El fuego es dinámico y tiene una variable importantísima que no debe ser subestimada: el TIEMPO. La ciencia ha demostrado que los incendios crecen de forma exponencial a una tasa cuadrática en el tiempo (1,4,9,16,25…!). Por lo tanto, la variable tiempo de extinción es la más importante para definir la potencia del fuego y sus requerimientos de agua. La técnica del "Blitz Attack" se ha desarrollado como un método más eficiente para contrarrestar la potencia creciente del incendio en el tiempo. Si bien no siempre es aplicable, en muchas oportunidades lo será.
Si queremos usar una buena analogía, el fuego crece de forma muy similar a una infección. Si el antibiótico no lo tomas en la dosis correcta, de nada vale. No es lo mismo tomarse la cápsula completa cada 4 horas que tomarse el 1% de la dosis cada minuto durante los siguientes 100 minutos. En la segunda opción usarás más antibióticos y no combatirás la infección.
Los Chorros Hipócritas
Hace algunos años, en una conferencia sobre Mitos y Realidades en la Protección Contra Incendios en Patrimonios Culturales, promovida por el Ministerio de Cultura de mi país, acuñé espontáneamente una frase que se convirtió en un término que muchos colegas aún me recuerdan: "Los Chorros Hipócritas".
Esta semana, Lima fue testigo de otro incendio devastador. Un siniestro en Jr. Cangallo, Cercado de Lima, consumió por completo un almacén de productos combustibles, generando una emergencia de gran magnitud. Más de 50 unidades de bomberos y cientos de hombres y mujeres lucharon incansablemente durante casi una semana, hasta que finalmente las edificaciones se desplomaron, dejando tras de sí solo escombros humeantes y estructuras colapsadas.
Pero el saldo no solo fue material. También quedaron bomberos extenuados, deshidratados y heridos, arriesgando sus vidas innecesariamente. Entre ellos, mi hijo Said, quien estuvo allí, expuesto a un peligro que nunca debió enfrentar.
En incendios de esta magnitud, el resultado es siempre el mismo: con agua o sin ella, solo quedan fierros retorcidos y estructuras colapsadas. Y, lo más grave, el esfuerzo fallido de cientos de bomberos que arriesgan su vida sin necesidad alguna. Es momento de cuestionarnos: ¿por qué seguimos peleando incendios que ya no pueden ser ganados?
La estrategia de dejar quemar no significa rendirse. Significa priorizar lo más importante: la vida. Porque cuando el daño ya es irreversible, seguir arrojando agua sin sentido no es heroísmo... es negligencia. Y aquí retomo la frase con la que inicié: "Los Chorros Hipócritas". Esos torrentes de agua que, en incendios como este, solo sirven para darle a la población la percepción de que algo se está haciendo, aunque todos sepamos que ya no hay nada que salvar.
La Crisis del Agua y el Crecimiento de las Ciudades
El crecimiento acelerado de las ciudades en el Perú ha generado no solo una mayor densidad poblacional y una expansión desordenada, sino también incendios cada vez más complejos y difíciles de combatir. Las emergencias que antes podían ser controladas con relativa facilidad hoy se convierten en verdaderas catástrofes urbanas, donde los recursos disponibles resultan insuficientes y las estrategias tradicionales pierden efectividad ante nuevos escenarios de riesgo.
Uno de los factores más críticos en la lucha contra incendios en el Perú es la crisis del agua y la precariedad de la infraestructura hídrica. La red de hidrantes en Lima y otras grandes ciudades no solo es obsoleta e insuficiente, sino que en muchos casos es prácticamente inoperante, incapaz de suministrar los caudales y presiones necesarias para una respuesta efectiva por parte del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP). Este problema, que ha persistido por más de medio siglo sin solución, condena a los bomberos a una lucha desigual, donde en lugar de enfocarse en sofocar el fuego, deben improvisar maniobras de abastecimiento lentas e ineficientes, perdiendo minutos valiosos en un combate donde el tiempo es el peor enemigo.
En un incendio de gran magnitud, la ausencia de un suministro confiable de agua no solo reduce la efectividad de cualquier estrategia de ataque, sino que convierte en una utopía el tipo de respuesta rápida y contundente que defiendo en el Blitz Attack o Ataque por Bombardeo. Lo que en otros países ha demostrado ser una técnica altamente efectiva para contener incendios en sus primeras fases, en nuestra realidad se vuelve una idea irrealizable, porque sin agua suficiente, cualquier táctica—por más científica y eficiente que sea—queda completamente neutralizada.
En nuestra realidad hídrica, dejar quemar es también una forma de extinción de incendios, si la cantidad de recursos son limitados y el fuego está bajo cierto control, los bomberos no se deben dejar llevar por la presión mediática. No hay nada más ridículo que pretender apagar un incendio de varios millones de Kilowatts con un chorro de 500 gpm, por más poderoso que parezca este chorro en otras circunstancias, lo único que está haciendo es desperdiciar recursos, arriesgar innecesariamente a los bomberos y generar un espectáculo para contentar a la prensa y los espectadores.
Normas Ignoradas y Prevención Olvidada: La Tragedia Anunciada de Cada Incendio
A esta deficiencia estructural se suma otro problema grave: el desinterés de las autoridades por actualizar y hacer cumplir las normativas en protección contra incendios. Mientras otros países han fortalecido su regulación para exigir medidas preventivas en edificios y comercios, en el Perú persiste una permisividad alarmante. El incendio en Jr. Cangallo es solo un ejemplo más de una larga lista de tragedias anunciadas, donde almacenes clandestinos, sobrecarga de materiales combustibles y edificaciones sin acceso adecuado ponen en riesgo a toda la ciudad.
Pero lo más preocupante es que, a pesar de la evidencia acumulada durante décadas, la inversión en prevención sigue siendo mínima. Las autoridades reaccionan después de cada desastre, pero rara vez adoptan medidas estructurales para evitar que se repitan. La falta de planificación urbana, la informalidad en la construcción y la escasa fiscalización han convertido a muchas zonas de Lima y otras ciudades en trampas de fuego donde los incendios, más que accidentes, parecen inevitables.
Bomberos en Ciudades en Crecimiento: Un Sistema Colapsado
El crecimiento urbano no solo agrava el problema de la disponibilidad de agua, sino que también ha sobrecargado a los cuerpos de bomberos, que operan con recursos limitados en una realidad cada vez más demandante. En mi artículo anterior: "La Problemática de la Protección Contra Incendios en el Perú", ya señalé que Lima, con casi 11 millones de habitantes, es una de las pocas megaciudades del mundo que aún depende exclusivamente de un cuerpo de bomberos voluntarios.
Mientras que, en otras grandes ciudades del mundo, muchas con menos población que Lima, el servicio de bomberos es profesional y rentado, en el Perú sigue siendo una labor voluntaria sin el respaldo institucional, operativo ni financiero necesario. Como resultado, ante emergencias de gran magnitud, la respuesta no solo es tardía, sino que depende del sacrificio personal de quienes, además de ser bomberos, tienen que compatibilizar esta labor con sus empleos y responsabilidades diarias.
En este contexto, la creciente complejidad de los incendios urbanos ha superado con creces la capacidad del actual sistema. Un modelo basado exclusivamente en el voluntariado no es sostenible en una ciudad donde la alta densidad poblacional, el crecimiento vertical descontrolado y la proliferación de edificaciones de alto riesgo exigen una respuesta inmediata, constante y altamente especializada. La profesionalización del servicio bomberil no es un lujo ni una opción; es una necesidad urgente para garantizar la seguridad de millones de personas.
La Falta de Competencias en Protección Contra Incendios
Otro gran eslabón en esta cadena de deficiencias es la falta de formación especializada en protección contra incendios. Como lo expuse en mi artículo anterior: "El Futuro de Latinoamérica sin Formación Adecuada en Protección Contra Incendios", la mayoría de los profesionales involucrados en la seguridad contra incendios en el Perú no han recibido una educación formal en la materia. Ingenieros, arquitectos, funcionarios municipales e inspectores suelen carecer de los conocimientos necesarios para diseñar, fiscalizar y aprobar proyectos de seguridad contra incendios de manera efectiva.
Este vacío en la formación ha generado un mercado de conocimientos fragmentados, donde cada disciplina (ingeniería civil, mecánica, eléctrica, sanitaria y arquitectónica) ve la seguridad contra incendios desde una perspectiva parcial, sin considerar la integridad del problema. El resultado es una cadena de errores y omisiones que solo se evidencian cuando un incendio se sale de control y deja víctimas y destrucción a su paso.
Por otro lado, el hecho de que no exista una certificación oficial en ingeniería de protección contra incendios en el Perú, ha permitido que cualquier profesional sin formación específica pueda asumir responsabilidades críticas en el diseño y revisión de medidas de seguridad contra incendios. Esto ha dado lugar a un sistema donde la protección contra incendios se aborda como un trámite burocrático, en lugar de ser tratado con la rigurosidad científica que requiere.
¿Cómo Cerramos Esta Brecha?
Para cambiar esta realidad, es imprescindible una transformación estructural que incluya:
Inversión en infraestructura hídrica: La red de hidrantes debe modernizarse y ampliarse para garantizar un abastecimiento confiable de agua en emergencias.
Profesionalización del servicio de bomberos: Lima y otras grandes ciudades necesitan un cuerpo de bomberos mixto, con personal rentado que garantice cobertura 24/7 y voluntarios que refuercen las operaciones.
Actualización y cumplimiento normativo: La normativa en protección contra incendios debe revisarse y actualizarse con criterios modernos, asegurando su cumplimiento estricto.
Formación y certificación profesional: Se deben establecer programas oficiales de certificación en ingeniería de protección contra incendios para garantizar que los responsables del diseño, inspección y aprobación de medidas de seguridad sean verdaderos especialistas.
Cambio de mentalidad en la gestión de incendios: Se debe dejar de ver la seguridad contra incendios como un gasto y empezar a concebirla como una inversión en la protección de vidas y bienes.
Un Futuro en Llamas o un Cambio Urgente
Si seguimos ignorando estos problemas, el futuro de la protección contra incendios en el Perú será el mismo de siempre: un sistema ineficaz que solo reacciona después de cada tragedia. Las ciudades seguirán creciendo, las emergencias serán cada vez más complejas y los incendios seguirán destruyendo vidas y propiedades porque no estamos preparados para enfrentarlos con la seriedad y profesionalismo que se requiere.
Pero aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo. La seguridad contra incendios no es un lujo ni un tema secundario. Es una prioridad que debe ser tratada con urgencia antes de que la próxima gran catástrofe vuelva a recordarnos, demasiado tarde, que prevenir y combatir incendios no es solo una vocación, sino una profesión que debe ejercerse con conocimiento, estrategia y recursos adecuados.
Conclusiones
- Tanto la estrategia del "Blitz Attack" como el concepto de los "Chorros Hipócritas" giran en torno a un mismo principio: el agua es un recurso valioso y su uso en la extinción de incendios debe ser estratégico. No se trata simplemente de arrojar grandes volúmenes de agua sin criterio, sino de aplicarla en el momento y la forma adecuada para lograr un impacto real en el combate del fuego. Sin embargo, en el Perú, la precariedad de la infraestructura hídrica y la ausencia de una planificación integral hacen que incluso las mejores tácticas sean difíciles, cuando no imposibles de ejecutar.
La rapidez y contundencia en la respuesta inicial pueden marcar la diferencia entre un incendio controlable y una tragedia urbana. Pero más allá de la técnica, el país enfrenta problemas estructurales que agravan cada emergencia.
La crisis hídrica, con redes de hidrantes insuficientes y obsoletas, deja a los bomberos sin un suministro confiable de agua para operar.
La falta de profesionalización del servicio bomberil, con un modelo basado exclusivamente en el voluntariado, impide una cobertura 24/7 con personal capacitado y disponible en todo momento.
El incumplimiento y la desactualización de las normativas en seguridad contra incendios, que siguen siendo reactivas en lugar de preventivas, permiten que almacenes clandestinos y edificaciones de alto riesgo operen sin control hasta que ocurre una tragedia.
El incendio en Jr. Cangallo y otros incendios similares que se viven a diario, no son hechos aislados, sino una muestra más de la fragilidad del sistema de protección contra incendios en el país.
La ausencia de formación y certificación profesional en ingeniería de protección contra incendios ha permitido que el diseño, inspección y fiscalización de las medidas de seguridad estén en manos de personas sin la preparación adecuada. En consecuencia, se repiten los mismos errores en la planificación, construcción y operación de edificaciones, generando escenarios de alto riesgo que terminan en desastres anunciados.
La efectividad en la extinción no depende solo de la cantidad de agua utilizada o de la valentía de los bomberos, sino de la estrategia con la que se enfrentan los incendios y de la infraestructura que los respalda. Persistir en el combate de un incendio sin los recursos adecuados solo pone en riesgo innecesario la vida de los bomberos y prolonga una lucha que muchas veces ya está perdida desde el inicio.
Más allá de este caso puntual, el problema es sistémico. El Perú no puede seguir confiando su seguridad contra incendios a un modelo de bomberos exclusivamente voluntarios, a normativas caducas y a una infraestructura deficiente. El crecimiento desordenado de las ciudades y la complejidad cada vez mayor de los incendios urbanos exigen un cambio urgente en la manera en que se concibe y gestiona la protección contra incendios en el país.
No se trata solo de reaccionar ante cada tragedia, sino de asumir que la seguridad contra incendios es una responsabilidad compartida entre el Estado, las autoridades locales, el sector privado y la sociedad en su conjunto. Si no se toman decisiones estructurales ahora, el futuro seguirá trayendo las mismas imágenes de devastación, bomberos extenuados y un sistema colapsado que, pese a los esfuerzos individuales, no tiene las condiciones para cumplir su función de manera efectiva. Sin un compromiso real para solucionar estos problemas de fondo, los incendios seguirán dejando un saldo de destrucción y una población desprotegida.
SIN FORMACIÓN NO HAY SALVACIÓN