Un fuego en el centro de un recinto necesita casi 900 kW para activar un detector de calor. El mismo detector, con el mismo espaciado, se activa con apenas 275 kW si el fuego está en una esquina. Esa diferencia de más de tres veces no tiene nada que ver con el detector, sino con la física de las paredes. Drysdale la explica en los ejercicios 4.9 y 4.10.
Cuando un fuego está cerca de una pared, la pared actúa como espejo térmico y duplica el efecto del calor bajo el techo. Cuando está en una esquina, dos paredes amplifican el efecto cuatro veces. Por eso el fuego más difícil de detectar con detector de calor es el del centro del recinto: el calor se dispersa libremente en todas direcciones y llega más frío a los detectores.
El ejercicio 4.10 muestra algo aún más revelador: con un detector de humo, que responde con solo 15 K de aumento de temperatura, los umbrales bajan dramáticamente. En el centro se necesitan 372 kW, en una esquina solo 93 kW, algo equivalente a una papelera en llamas. La diferencia entre el caso más difícil de detectar con calor y el más fácil con humo es casi 10 veces.
La enseñanza práctica es que el espaciado de detectores no puede definirse con una regla fija. Un detector de calor en el centro de un recinto de 8 metros necesita un fuego de 900 kW para activarse. Ese mismo detector, con el mismo espaciado, responde a 275 kW si el fuego está en una esquina. Y si en lugar de detector de calor se usa uno de humo, ese umbral baja hasta 93 kW en esquina, casi 10 veces menos que el caso más exigente. La ubicación del fuego, la altura del techo y el tipo de detector son tres variables que tienen que evaluarse juntas.
Los cálculos completos están en la presentación adjunta.
Drysdale, D. (2011). An Introduction to Fire Dynamics, 3ª Ed. — Capítulo 4, Sección 4.3.3, Ejercicios 4.9 y 4.10
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