Hay dos formas en que un sólido puede arder, y la diferencia entre una y otra cambia completamente la forma en que se propaga un incendio y la forma en que se puede controlar.
Los termoplásticos — polietileno, polipropileno, poliestireno, nylon — se ablandan y funden cuando se calientan antes de descomponerse químicamente, y eso significa que en un incendio forman primero un líquido viscoso que puede fluir, gotear desde estanterías, acumularse en el suelo y arder como un pool fire secundario. El fuego que empezó en un nivel de la estantería se convierte en un charco ardiente en el suelo que se propaga horizontalmente, llega a zonas que el fuego original no habría alcanzado y genera una superficie de combustión completamente nueva. Drysdale lo señala explícitamente en la Sección 9.2.4: la propagación del fuego puede verse impulsada por gotas en caída o por la extensión de un charco de polímero fundido.
Los termoestables — resinas fenólicas, poliisocianurato, ciertos poliuretanos rígidos — no funden. Cuando se calientan por encima de cierta temperatura se descomponen directamente desde el estado sólido, dejando atrás un residuo carbonoso que actúa como barrera física entre el calor y el material sin quemar. Las resinas fenólicas pueden llegar a generar hasta un 60% de carbón en su descomposición, lo que reduce drásticamente la cantidad de combustible gaseoso disponible para la llama.
La consecuencia práctica es que dos almacenes con el mismo tipo de material — espumas de poliuretano, por ejemplo — pueden comportarse de forma completamente distinta en un incendio dependiendo de si el producto es flexible o rígido, porque el poliuretano flexible es un termoplástico que funde y fluye, mientras que el rígido es un termoestable que tiende a carbonizar. La clasificación genérica "poliuretano" no captura esa diferencia, y esa diferencia importa cuando se diseña la protección.
Drysdale, D. (2011). An Introduction to Fire Dynamics, 3ª Ed. — Capítulo 1, Sección 1.1.1 y Tabla 1.3
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