𝗟𝗮 𝗹𝗼𝗻𝗴𝗶𝘁𝘂𝗱 𝗱𝗲 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗮 𝘀𝗲𝗴ú𝗻 𝗛𝗲𝘀𝗸𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱
Cuando observamos un incendio interpretamos el tamaño de la llama de forma intuitiva. Es común pensar que una llama más grande simplemente significa un fuego “más caliente” o un combustible más inflamable. Sin embargo, en dinámica de incendios la temperatura de la llama suele variar relativamente poco. Lo que realmente cambia es la cantidad de energía que el incendio libera por segundo. Y es precisamente esa liberación de energía —junto con el tamaño del fuego— lo que determina la longitud de la llama.
Muchas veces describimos un incendio como pequeño, grande o violento. Pero en dinámica de incendios el tamaño de un fuego no se mide por lo que vemos, sino por la energía que libera por unidad de tiempo.
Esa energía se expresa mediante la tasa de liberación de calor (Heat Release Rate, HRR), y es un parámetro fundamental para describir el comportamiento de un incendio.
En la década de 1970, el investigador Gunnar Heskestad estudió experimentalmente cómo se relaciona esa energía con la forma visible del fuego. Sus experimentos mostraron algo interesante: la altura de la llama no crece de manera arbitraria, sino que sigue una relación bastante consistente con la tasa de liberación de calor.
A partir de estas observaciones, Heskestad propuso una correlación empírica que permite estimar la longitud media de la llama en función del tamaño del incendio. En su forma más conocida, la relación puede escribirse como:
Lf = 0.235 Q^(2/5) − 1.02D
donde Lf es la longitud de la llama, Q es la tasa de liberación de calor y D es el diámetro característico del fuego.
Más allá de los detalles matemáticos, lo importante es la idea física que hay detrás de esta relación: a medida que aumenta la energía liberada por el incendio, la llama se alarga. No porque el combustible “quiera” producir una llama más grande, sino porque el penacho de gases calientes que se forma sobre el fuego se vuelve más intenso y arrastra más aire desde el entorno.
La llama visible es, en cierto sentido, la región donde esa mezcla de gases combustibles y aire todavía está reaccionando. Por eso su tamaño refleja indirectamente la intensidad del incendio.
Esta relación, aparentemente simple, permitió conectar dos aspectos fundamentales del fuego: lo que vemos —la altura de la llama— y lo que realmente gobierna el fenómeno —la tasa de liberación de energía—.
Desde entonces, las correlaciones de Heskestad son una herramienta fundamental para describir incendios en compartimentos, estimar condiciones térmicas y entender cómo evoluciona un fuego a medida que aumenta su potencia.
En dinámica de incendios, la llama no es solo una forma visible del fuego. Es una manifestación de cuánta energía está liberando el incendio en cada instante.
En las diapositivas adjuntas mostramos un ejemplo clásico de cálculo desarrollado por Gunnar Heskestad.
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