EL CHORRO DE TECHO Y LA RESPUESTA DE LOS DETECTORES

Updated May 18, 2026 3 min read
Jussef Liban
Jussef Liban

Ingeniero de protección contra incendios. Divulgación técnica en español sobre dinámica de incendios, normativa y casos reales.

Cuando la pluma de un incendio alcanza el techo, no se detiene: se desvía horizontalmente y forma lo que Drysdale describe en la Sección 4.3.3.2 como el chorro de techo, una capa delgada de gases calientes que se desplaza radialmente desde el punto de impacto. Es ese chorro el mecanismo que lleva los productos de combustión hasta los detectores montados en el techo, y su temperatura y velocidad determinan si el detector activa a tiempo o tarde.

Alpert demostró en 1972 que la temperatura máxima del gas cerca del techo a una distancia radial r del eje de la pluma depende de la tasa de liberación de calor, de la altura del techo y de la distancia radial al detector. La temperatura disminuye con la distancia siguiendo una ley proporcional a r elevado a menos dos tercios, lo que significa que los detectores más alejados del eje reciben gases significativamente más fríos que los ubicados directamente bajo el punto de impacto.

Esa relación tiene una consecuencia directa para el espaciado de detectores: la distancia máxima entre el eje de la pluma y el detector no puede calcularse sin conocer la temperatura mínima de activación, la altura del techo y la tasa de liberación de calor del fuego de diseño. Un espaciado estándar aplicado sin verificar esos parámetros puede dejar zonas donde el chorro llega demasiado frío para activar el detector en el tiempo requerido.

Drysdale señala que la mezcla entre la capa caliente del chorro y el aire frío por debajo es relativamente ineficiente, lo que explica por qué el chorro mantiene temperaturas elevadas a distancias mayores de lo esperado. En incendios de baja potencia el chorro puede llegar con temperatura insuficiente para activar detectores de calor; en esas condiciones los detectores de humo presentan ventaja, porque responden a partículas en suspensión que viajan con el chorro independientemente de cuánto se haya enfriado.

Para el ingeniero que diseña sistemas de detección, la enseñanza es que el chorro de techo no es un fenómeno uniforme: su temperatura y velocidad varían con la distancia radial, la altura del techo y la potencia del fuego, y esas variaciones deben incorporarse al cálculo del espaciado y la ubicación de los detectores.

Drysdale, D. (2011). An Introduction to Fire Dynamics, 3ª Ed. — Capítulo 4, Sección 4.3.3.2: Ceilings

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